Revista Electrónica de Estudios Internacionales (Jan 2009)
La teoría de la política internacional treinta años después
Abstract
En 2009 la Teoría de la Política Internacional de K. N. Waltz ha cumplido treinta años. Es indudable que la escena internacional ha cambiado sustancialmente desde la publicación de su obra cumbre. La Guerra Fría, que a finales de los setenta la convirtió en marco explicativo destacado de la realidad internacional de la época, se desvaneció a comienzos de los noventa del siglo pasado. El mundo bipolar caracterizado por la intensa rivalidad entre los Estados Unidos y la Unión Soviética dio paso a un escenario definido por el vencedor de la carrera de fondo que se había inaugurado con el final de la Segunda Guerra Mundial. El previsible mundo de la etapa bipolar había dado paso a un entorno unipolar cada vez más complejo y el nuevo siglo trajo nuevas amenazas para la seguridad no previstas por la vieja teoría realista. Sin duda, el sistema internacional actual es bien distinto al que acogió con éxito a la Teoría de la Política Internacional. Ante estas nuevas circunstancias,la propuesta teórica de Waltz ha encontrado un acomodo explicativo cada vez más problemático.No cabe duda que la obra de Waltz transformó la teoría de las Relaciones Internacionales del último cuarto del siglo XX y su impacto ha sido excepcional en la disciplina. En fechas recientes J. J. Mearsheimer recordaba que “casi todo el mundo en nuestro área de conocimiento ha respondido a Waltz de una u otra manera”. Esta circunstancia le ha convertido en “el líder por excelencia del pensamiento teórico en las Relaciones Internacionales de los últimos cinco lustros” y en “la influencia más importante para todos los realistas actuales, —y para muchos no realistas—, con menos de sesenta años”. Prueba de ello es la profunda conexión del neoliberalismo con las aportaciones del autor. R. O. Keohane da cuenta explícitamente de esta relación al afirmar que “la teoría institucional supone un desafío desde principios de los ochenta al realismo y particularmente, al realismo tal y como Waltz lo sistematizó”. El objetivo final de estos nuevos liberales consistía “en encontrar fórmulas de síntesis con el neorrealismo”.Pero, si el nacimiento y posterior desarrollo del neoliberalismo refleja una historia de enfrentamientos con su coetáneo realista, J. J. Mearsheimer destaca igualmente “la impronta de Waltz en el trabajo de Alexander Wendt”, uno de los principales exponentes del constructivismo. Incidiendo en esta misma idea, K. Sodupe señala que Wendt “procede a desarrollar sus ideas, tomando como punto de arranque una exposición de los rasgos más fundamentales de la Teoría de la Política Internacional”. Wendt llegará a la conclusión de que el realismo —y también el neoliberalismo— presenta un modelo teórico “sin socializar” ya que presta una atención insuficiente a las formas en que los actores son construidos socialmente. La posición ontológica constructivista se opone íntegramente al planteamiento waltziano por entender que la política internacional es fundamentalmente una construcción social. Por tanto, el constructivismo parte de unacrítica enérgica a las formas tradicionales de entender la política internacional y, a través de tal desafío, consigue presentarse como la principal alternativa teórica a las aproximaciones racionalistas de la disciplina.Pero, sin duda, si en algún ámbito la obra de Waltz ha tenido una repercusión formidable ha sido en el marco del realismo. En este terreno el balance es excepcional. Las aportaciones realistas que toman como punto de partida la Teoría de la Política Internacionalson mayoría. Hasta el punto que podríamos sostener que, en mayor o menor grado, el conjunto de la producción realista de los ochenta, noventa y principios de siglo es deudora de la Teoría de la Política Internacional.