Journal of the Selva Andina Biosphere (May 2020)
Food system and Covid-19: The need to prevent other pandemics
Abstract
Sagan1, afirmaba en su libro "Dragones del Edén", que la humanidad logró florecer como civilización, en parte, gracias a que en el cerebro humano evolucionó la capacidad de prever los hechos y planificar actividades a futuro. Entonces, ¿por qué no hemos sido capaces de anticiparnos a esta pandemia, y planificar mejor una respuesta?. Las revelaciones, sin duda, podrían ser materia de análisis multidisciplinario durante mucho tiempo. Habiendo fallado en la anticipación2, queda ahora planificar una nueva normalidad en el mundo, ya que existe suficiente evidencia, que afirma, que es poco probable volver, a como todo fue antes3. Una nueva normalidad será, aquella donde nuestras actividades no favorezcan el surgimiento de nuevas enfermedades?. En este marco, quizá los sistemas de salud y el alimentario, sean los primeros que deban rediseñar la manera en que funcionen. Estudios científicos de aproximadamente 20 años, realizados en el contexto de otra enfermedad, el síndrome respiratorio agudo grave (SRAS), advirtieron que el tráfico de vida silvestre en Asia y África, suponía un riesgo que incrementaría la probabilidad del surgimiento de nuevas epidemias. También señalaron que la deforestación en esos continentes, impulsada por la agroindustria alimenticia y forestal, ocasiona que los animales deban vivir hacinados en parches de bosque cada vez más pequeños, y en mayor contacto con poblaciones humanas4,5. Estas condiciones incrementarían la probabilidad de mutación natural de un virus y su salto a otras especies6. Hoy, frente al COVID-19, resurge la necesidad de preguntarse: ¿Cuán relacionados están nuestros alimentos y la agricultura, con el surgimiento de esta enfermedad? ¿Qué tan probable es, que aparezcan nuevas enfermedades, si se mantienen las formas, modalidades de producción y consumo de alimentos? Sin duda, la deforestación y la degradación ambiental, impulsadas por un modelo de agricultura convencional, están relacionadas a la aparición de nuevas enfermedades7. En plena pandemia y cuarentena, se percibe con mayor importancia a nuestra alimentación. Muchos se empezaron a preguntar: ¿De dónde vienen los alimentos? La respuesta es sencilla, pero a su vez encierra diversas complejidades, y está disponible especialmente a quien esté interesado, en indagar su origen. Sin importar el país, los alimentos llegan al consumidor, gracias al funcionamiento del Sistema Alimentario (SA). En éste, se incluyen todos los componentes, procesos y actividades realizadas antes, durante y después de la siembra, pasando por el consumo, hasta llegar a la fase del desecho. Las múltiples labores se realizan día a día, por una gran variedad de actores y sus intereses. Los consumidores también formamos parte de éste sistema, al igual que el medio ambiente8. Si nos preciamos de ser civilizados, que anticipan y planifican, entonces debemos apuntar a que todo SA sea sostenible económica, social y ambientalmente. Eso será posible, cuando garanticemos seguridad alimentaria para todos, sin comprometer las bases económicas, sociales y ambientales, para las futuras generaciones9. Hoy, es suficiente con analizar el estado de la (in)seguridad alimentaria, del medio ambiente y el surgimiento de nuevas enfermedades, para afirmar que el SA en el planeta, no es sostenible10,11. Debió haberse hecho antes, pero más allá de lamentar, es hora de planificar. Ahora interpretamos el desenvolvimiento de eventos de manera más integral, e identificamos de mejor manera los retos que enfrenta la humanidad, por tanto, debemos tomar acción. Debemos prevenir que nuevas enfermedades surjan y evolucionen a raíz del funcionamiento desequilibrado de nuestros SA. Por eso, en primer lugar, está claro que nuestros hábitos alimenticios tienen un impacto sobre el medio ambiente, y éste acaba de pasarnos factura. En segundo lugar, queda claro que la agricultura convencional como principal modelo de producción de alimentos, bajo el enfoque de maximizar la producción, los rendimientos e ingresos, y someter al medio ambiente a nuestra voluntad, ha jugado un papel central para que ahora enfrentemos esta pandemia. Allí la evidencia de que no es deseable mantener el funcionamiento actual del SA global. Esta es la puerta importante que abre el COVID-19, pues nos invita a planificar y construir un sistema sostenible e integral, bajo un paradigma más consciente sobre el medio ambiente y la sociedad. Por fortuna, gracias al enorme esfuerzo de muchas personas e instituciones en el mundo, existen capacidades y conocimientos que pueden aportar a la construcción de un nuevo sistema para todas y todos.